Habana, Cuba
Ayer arribé a Cuba. Ésta es mi segunda visita. Después de un largo descanso me aventuré al Malecón, el frente oceánico donde el agua golpea contra el muro. Para llegar ahí desde mi apartameno rentado en la calle J y 25 caminé varias cuadras donde las personas aún estaban en el modo de tiempo de fiesta.
“¿De dónde eres?” preguntaron unos cuantos grupos de personas enfriándose de la escena de música, baile y bebida. Un sujeto en esta temprana/tardía hora (4:15am) estaba encantado de escuchar que soy canadiense.
“¡Hey, me encanta Cuba!” respondí, “.... es cálida y abierta.”
A lo que él respondió “¿Le gusta los cubanos? Aquí cantamos, bailamos y el sexo es bueno!”
“Yo soy un monje y no estoy seguro de que haya dicho lo correcto.”
“¡Lo siento!” dijo él.
Después de varios encuentros de agradables locales me encontré con el océano, caminé hacia los edificios de la capital y hacia el viejo Fuerte contruido para retener a los piratas invasores del pasado. Aprecié a la luna creando ondas luminosas. Tuve suerte de no salpicarme. Agresivas olas se alzaban para empapar la acera a mi alrededor, pero me las arreglé para permanecer seco.
Wendy es una novicia de cuatro años en la vida espiritual con 21 años de edad y fui invitado con Yoel y su mamá, Cecilia, a su casa para dirigir el canto, dar una charla, y responder preguntas con comida vegetariana cubana para finalizar la visita. Siguiendo esa gran experiencia con un apartamento lleno de personas entusiastas cantando todos nos aventuramos a un parque para tocar y cantar en público. Jóvenes locales se unieron a la diversión moviendo sus cuerpos al toque del tambor y dando palmadas. Dos policías vinieron a mirar. No vieron ningún problema, más bien, un programa mantenerse-fuera-de-problemas siendo llevado a cabo. Así que se fueron.
16km.